lunes, 16 de septiembre de 2013

De Rentas Básicas y salarios sociales

No hay trabajo para todos. Esa es una realidad exponencial en el sistema económico capitalista. La precariedad laboral está a la orden del día. Los salarios cada vez son más bajos, las jornadas laborales aumentan en una sociedad donde el 25% de la población se encuentra en situación de desempleo y el consumo se ha desbordado. A España le sobra una cuarta parte de su población. La clase obrera ha perdido lo más básico y su única manera de subsistir: el trabajo. Siendo la producción un lujo para unos pocos que viven de la plusvalía generada del trabajo ajeno, y viviendo los trabajadores sometidos a un salario, migajas de nuestra producción, los anarquistas y anarcosindicalistas abogamos por la abolición del trabajo asalariado, la toma de los medios de producción para su autogestión, el reparto del trabajo, y la gestión de la economía a través de federaciones de industria. No hay declaración de derechos humanos válida que defienda la propiedad privada impuesta por la burguesía que acabó con el absolutismo, y no reconozca al ser humano como poseedor de la producción y la distribución para la plena satisfacción individual y social.

Pero la cosa no es tan fácil como uno se pueda imaginar. Tenemos que contar con que, a pesar de la espontánea revuelta y posterior organización social que se denomina 15M, con su asombrosa capacidad de organización al margen de partidos y subvenciones, a través de la autogestión y la horizontalidad, en España la clase obrera como tal sigue totalmente perdida, sin tener conciencia de su puesto en la sociedad y en la economía, por lo que es incapaz de tener una idea determinada que desarrollar y una puesta en práctica concreta.

La Renta Básica Universal (RBU)

No podemos por tanto, en momentos de urgente necesidad y carencias, esperar el apoyo mutuo y la solidaridad de una clase obrera entusiasta dispuesta a pisotear burgueses de un momento a otro. Para evitar estallidos sociales innecesarios para los gobiernos y los empresarios, para fortalecer la paz social después de la 2º Guerra Mundial, se creó el estado del bienestar, en el cual el estado ofrece una serie de garantías sociales a la totalidad de habitantes de un país.
Iniciativas basadas en la socialdemocracia (grupos dentro del espectro de la izquierda institucional), defensoras del estado del bienestar dentro de una economía de mercado más “justa” o de decrecimiento, luchan por lo que se denomina Renta Básica Universal (RBU) o Ingreso Ciudadano. Esta forma de reparto de la riqueza trata de dar una asignación a una persona dentro de una sociedad por el mero hecho de existir, independientemente de sus características económicas o sociales. Da igual si tiene dinero, o tiene un buen trabajo, etc. Así pues, gravando de impuestos a los ricos, y mediante la reasignación del Gasto Público, impuestos directos al capital, mejora de la inspección fiscal, impuestos a las transacciones, etc., se podría conseguir que el estado nos financiase a todos por el mero hecho de existir.

Tiene su justificación la renta básica en:
a) El reparto de la riqueza, donde todos los seres humanos podamos vivir con dignidad.
b) La economía al servicio de las personas.
c) Búsqueda de otras formas de ingreso efectivas para la subsistencia.

Inconvenientes de la RBU

Los empresarios nunca van a dar su brazo a torcer.

Ya ha quedado demostrado en estos más de 30 años de democracia, que el proceso político que se produjo dentro de la legalidad de las leyes franquistas llamado transición, no es más que una estafa y una mentira. Los partidos políticos no representan a aquellos que les votan, sino que están vacios de cualquier tipo de ideología que pretenda superar el capitalismo. Son gestores del sistema económico que defienden. Sus cargos no trabajan ni producen, su funcionamiento es totalmente vertical (alejando a las bases de cualquier capacidad real de decisión, y si quieres llegar alto tienes que tragar), velan por sus intereses económicos y partidistas, son subvencionados por la patronal, además de aliarse, pactar y proteger a los grandes empresarios, banqueros y alta nobleza a cambio de suntuosos retiros y cargos en grandes compañías clave en el sector productivo.
Así pues, el estado se ve inválido para realizar cualquier tipo de mediación entre la patronal y los trabajadores. El estado solo se puede sostenerse y legitimarse mediante la violencia a través sus cuerpos represivos, y es la que ejerce contra los trabajadores tanto en su día a día, como en movilizaciones de carácter social. El miedo y la sangría de dinero por multas llevan al inmovilismo, y con ello salen reforzados los empresarios, los cuales pueden seguir haciendo propuestas de disminución de derechos laborales y sociales para seguir aumentando más su dinero y poder.
La RBU no soluciona el problema social. En una sociedad donde existen una continua tensión y confrontación entre clases sociales, es totalmente imposible el pensamiento de que a través de un gobierno de “izquierdas” de pronto cambien las leyes, y los empresarios, dueños del capital y las riquezas, salgan de su burbuja de gloria y vanidad, y vayan a querer compartirlas con todo el mundo.

No saca a la clase obrera de la miseria, la perpetua.

No se puede confundir la renta básica con cualquier tipo de subsidio o limosna que dan en España las CCAA (como la REMI en la Comunidad de Madrid o el Salario Social en Andalucía) para luchar contra la exclusión social, y que, como era de esperar, solo la perpetua. La RBU sería un mecanismo de lucha contra la pobreza y por la libertad efectiva de las personas. Aun así, es un concepto demasiado relativo si se habla de pobreza y exclusión. La RBU no es una solución al paro, ya que este es imposible de abolir dentro de una sociedad capitalista, que necesita el paro para que no suban los salarios, y tener trabajadores asustados y sumisos compitiendo entre ellos por miedo a ser reemplazados. Dentro de nuestra educación cristiana y patriarcal de que hay que trabajar y sacrificarse, el efecto del paro crea una idea de inutilidad y de completa marginación que lleva a la depresión, drogadicción o suicidios. Toda la historia que contaban los sindicatos y los gobiernos de turno sobre el pleno empleo no era más que una mentira tras otra a una sociedad que no entiende en qué tipo de sistema está viviendo.
Por tanto, no es posible que la RBU pueda favorecer el acceso al mercado laboral. Sí es cierto que puede reforzar las iniciativas de autoempleo, ligadas a la creación de nuevos empresarios, por lo que refuerza aun más la lógica del sistema.
Tampoco sirve la RBU para la defensa real de las condiciones de trabajo en las empresas. Ya que el trabajador tiene a su disposición unos ingresos base, existe la posibilidad de precarizar aún más las condiciones de trabajo, que la gente trabaje por un salario ínfimo o incluso que se trabaje sin percibir ningún tipo de remuneración. Esto se traduce en un aumento exponencial de la precariedad dentro de las relaciones laborales.

La RBU fomentaría el parasitismo.

Hay quien afirma que el ser humano es lo suficientemente inteligente como para ser capaz de descubrir nuevas satisfacciones por sí mismo, por lo que siempre estará dispuesto a trabajar. Esta afirmación es totalmente falsa. En una sociedad donde priman el hedonismo y el nihilismo ya como algo cultural y adquirido, cualquier ser humano puede perfectamente entrar en un círculo vicioso constante que le impide aportar a una comunidad, pero sí le permite destruirla a su gusto y disfrute. Si no nos cerramos y miramos incluso a aquello que no queremos ver, podemos darnos cuenta de que miles de personas, victimas o no de la exclusión social, están en círculos hedonistas cerrados en búsqueda del placer inmediato. En una sociedad donde la educación es tan sumamente mediocre, que solo selecciona máquinas productivas y no fomenta la plena inteligencia del individuo y el gusto por el aprendizaje, las artes, las ciencias y la filosofía, no se logra más que el ser humano se embrutezca y/o autodestruya.

La sociedad del bienestar no ha trabajado por el desarrollo integro del individuo y su independencia, sino que ha formado auténticos yonquis del estado, cuya dependencia de las instituciones es tal, que nunca pueden llegar a cuestionárselas. Personas que no quieren formarse, no quieren trabajar, no quieren hacer nada más que seguir en su círculo individualista de hedonismo y nihilismo, tranquilas hasta su mera destrucción.

La RBU crearía un sector de dependientes al estado, cuya aspiración en la vida sería nada más que la destrucción del bien común para buscar un sentido a su visión egoísta de la realidad y a su propia autodestrucción. Se pierde cualquier aspiración de solidaridad y apoyo mutuo entre iguales.

La cultura, un bien común.

Se podría afirmar que la existencia de una RBU permitiría a muchas personas dedicarse exclusivamente al arte y la cultura, pudiendo vivir de las mismas. Evitaríamos la existencia de élites de la cultura y el arte, si este estuviese a disposición de todo el mundo, no de unas pocas manos. El arte puede ser potenciado dentro de cada individuo. La música, la danza, la poesía, el teatro, etc., son patrimonio común de toda la humanidad, por lo que nadie debe especular con ellas. Si no se especula, no harían falta “profesionales” que se dedicasen a esto. Todos podemos crear y potenciar con nuestra mente y nuestras manos según nuestras habilidades, para el disfrute común. Si existe el reparto del trabajo, todos podemos tener tiempo para aportar a nuestra comunidad, y todo el tiempo restante para aprender y crear y llegar a donde queramos. La RBU solo propiciaría la explotación de la cultura y de aquellos que quieren llegar a ser “alguien”, y que pueden ver sus sueños truncados por el capricho de las élites empresariales de la cultura.

El trabajo asalariado, las rentas y las prestaciones no nos hacen libres, su abolición sí.

Las visiones más “radicales” dentro de los defensores de la RBU ven a esta necesaria, junto a otras reivindicaciones de toda índole. Se sigue pensando que un programa de izquierdas transformador podría romper con la actual conciencia social e incluso fomentar la creación de instituciones comunitarias que puedan suplantar al estado. Incluso he podido llegar a leer entre sus defensores que potenciaría los movimientos sociales, ya que sus miembros están financiados colectivamente por la renta básica. Sin embargo, como he intentado demostrar, la RBU solo potenciaría al estado, podría beneficiar a los empresarios y potenciaría la decadencia a la que nos mantiene condenados el capitalismo.
Ya hay suficientes experiencias históricas que han demostrado que los partidarios de Marx en aquel congreso de La Haya de 1872 se equivocaban. Que la conquista del poder político por la clase obrera solo ha perpetuado la explotación y ha creado un capitalismo de estado que ha llevado a una esclavitud y represión equiparables a las del liberalismo y el fascismo.
Es aquí donde los anarquistas y anarcosindicalistas debemos seguir trabajando en la concienciación de la clase obrera, haciendo ver que la autogestión es posible:

* Apoyar y fomentar la autoorganización de trabajadores para el fomento de sus intereses y para arrancar conquistas económicas y sociales que hagan ver a la clase obrera que la organización horizontal y autónoma es viable en los tres sectores económicos, para que estos puedan ser expropiados y funcionen en régimen de autogestión, creando así procesos colectivistas que puedan dar lugar a la supresión del estado y del régimen capitalista.

* Creando redes de autogestión donde los parados que estén excluidos del mercado laboral o quieran salir de este, en vez de pudrirse en la desesperación, tomen las riendas de su destino y demuestren que las cooperativas autogestionadas pueden ser como islotes de igualdad y responsabilidad colectiva al margen de la explotación laboral en la producción y la distribución. Las cooperativas y las comunidades demuestran que la anarquía no es una utopía, sino que es viable en el plano de las relaciones entre individuos, como en el de las relaciones de producción. Pero siendo conscientes de trabajar los aspectos ideológicos de las mismas, que pueden ir desde la autogestión, hasta la burocracia más compleja, pudiendo convivir los dos aspectos. Son un ejemplo interesante, ya que las tentativas comunitarias son molestas para el poder y este intentará integrarlas dentro de su maquinaría jerárquica o destruirlas.


Por lo tanto, el Socialismo no puede ser nada más que la expresión revolucionaria y transformadora de la clase obrera; económicamente no puede ser otra cosa que el establecimiento de la propiedad colectiva de los medios de producción, el fin de la explotación; es decir, la autogestión. Más aún: suprimir la gobernación de los hombres y reemplazarla por la administración de las cosas.
“Rudolf Rocker – Anarcosindicalismo, Teoría y Práctica”

*Publicado en el nº 403 del Periódico CNT


2 comentarios:

Ángel Trasobares Castillo dijo...

Albergo mis dudas sobre la RBU. Sin embargo tu brillante análisis me ha despejado más la mente. Gracias.
Salud.

Camila dijo...

Constantemente me interesa conocer el tema de las rentas y todo lo que tenga que ver con el mundo de las finanzas. Me gustaría poder dedicarme a ello y para eso debería estudiar un poco. Seguramente busque un alquiler apartamentos por dias para ir a hacer una recorrida por distintas empresas